En fin…Transcurrió mi primer día de trabajo en forma tranquila. Por la tarde, mientras el camión avanzaba lentamente de camino a mis rumbos yo solamente pensaba: ‘Ay Dios, a ver como me va en este nuevo trabajo…’. Se llegó el día siguiente y yo continué con la labor de leer los manuales de los sistemas para cuyo soporte me habían contratado…Llegó la hora de la comida, y yo me moría de hambre. Resulta ser que como yo no tenía nada, pero nada de dinero, solo me iba al trabajo con 8 pesos, 4 para el camión de ida y 4 para el de regreso…Y pues cero para comer…Recuerdo que la señora Martha compró una torta Yucatán…Y me dió la mitad a mi…Así fue como comencé a conocer de la bondad de esta dama…Y con el tiempo fui conociendo su vida…Ella se había casado muy joven, y enviudó teniendo apenas 30 años…Se quedó con cuatro hijas, y luchando contra viento y marea las sacó adelante, siendo actualmente todas ellas personas hechas y derechas, todas con carrera universitaria y buenos trabajos…
Al conocer todo eso sentí mi tragedia personal sumamente ridícula… Pensaba en todo lo que esta señora habia logrado en la vida, a pesar de las circunstancias adversas…¿Y cómo era que algo así se podía lograr?…Me preguntaba yo…Pues como ella lo había hecho: Siguiendo un alto estándar de rectitud, honestidad, amor hacia su trabajo, su familia, hacia la vida y hacia los seres humanos… Entonces comprendí que aunque una gran tragedia golpeara nuestras vidas, en nuestras manos estaba decidir nuestra actitud ante el dolor y la adversidad…El afrontar los malos momentos con entereza, con valor, dando todo de una misma, creyendo ciegamente que Dios cuidará siempre de nosotros y esperando lo mejor de la vida…Eso es lo que yo llamé el código Martha… Sí, esta señora a quien despues llegué a ver como mi segunda madre, tenía un código real de calidad de vida…Que más que un código es una actitud ante la vida… He de decir algo: yo no soy como Martha, me he equivocado muchas veces, y a veces siento que arrastro conmigo fantasmas de un pasado confuso, que si bien he tratado de abandonar, no me deja completamente…Pero cuando me siento al borde, al borde de lo que sea, pienso en sus enseñanzas y siento dentro de mi algo que me dice que ella tiene razón…Eso me devuelve a mi camino. Cuando alguien me trata mal, lo primero que pienso es lo que ella dice: ‘Debemos tratar a la gente de forma amable, aunque ellos no nos traten así’…Cuando siento que los recuerdos de una infancia rara me abruman, recuerdo sus palabras: ‘Siempre debes querer a tus padres’…Y cuando hay días que me levanto con ganas de estar en el descuido total, vienen a mi mente estas palabras suyas: ‘Siempre hay que vestir bien… ¿Por qué? Porque la demás gente no es perfecta, y a todos nos gusta lo que viene con una bella envoltura, hasta a tí’…
Como dije, desgraciadamente yo no soy como Martha. He cometido varios errores, pero estoy completamente segura de que el haber tenido la oportunidad de conocer ese código de vivir ha enriquecido mi paso por este mundo…Y claro que trato de seguirlo…A veces lo logro (y créanme que de una forma espectacular); y a veces no, pero cuando lo logro siento que mi presente momentáneamente ha adquirido un poco de la calidad de vivir de esta verdadera dama…
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